En unos días se publicarán los números de Cannes 2026.
El fandom los celebrará. Serán para celebrar.
Pero entre la celebración, y las siguientes votaciones y tendencias que haya que impulsar, hay una conversación que nunca sucede:
Si el fandom cobrara aunque sea una fracción mínima del dinero que ya produce, ¿qué haría con ese dinero?
Podría reinvertirlo.
En regalos para el próximo cumpleaños de Becky. En un fondo para las siguientes votaciones.
En lo que el fandom decidiera.
Pero para llegar ahí, primero hay que entender exactamente qué está pasando con el dinero que ya se genera, y por qué el fandom no ve ni un centavo.
Cannes 2025
Rebecca Armstrong (Becky), embajadora global de L’Oréal, generó USD 11.1 millones en EMV para la marca. Número uno entre todos los influencers del festival.
44.1% del impacto total de L’Oréal en un solo evento.
El fandom lo celebró. Era para celebrar.
Pero hay un número que nadie menciona: el fandom fue responsable del 80-90% de ese EMV. El fandom coordinado interactuando – durante días.
El resultado de esa coordinación masiva tiene nombre: Fandom Generated Value.
Y en Cannes 2025, el FGV del fandom de Becky fue de USD 11.1M.
El EMV es dinero imaginario. Pero tiene ROI real.
Es una métrica que calcula cuánto le hubiera costado a L’Oréal pagar en publicidad para lograr esa misma cantidad de interacciones pero de forma orgánica.
Además, la ganancia no fue de $11.1M brutos. L’Oréal tuvo costos: le pagó a Becky, le pagó al festival su participación como patrocinador, le pagó a todos los empleados y proveedores involucrados.
Sin embargo, L’Oréal obtuvo ROI real: ventas, visibilidad, posicionamiento.
El EMV fue el insumo que hizo posible ese ROI. Un insumo que el fandom produjo gratis.
Y hay una respuesta para esto: “es trabajo voluntario.”
Pero eso no cambia lo que el fandom generó – solo explica por qué no lo recibe.
Entonces, ¿cuánto “ganó” el fandom?
Hagamos el ejercicio.
Si el fandom fue responsable del 80% del EMV, eso equivale a USD 8.8M de valor generado. Atribuéndole al fandom solo el 0.1% de ese valor — un cálculo conservador, sin base legal, solo para tener un número concreto — estamos hablando de $8,800.
Para poner esa cifra en contexto, Dan Lok, en F.U. Money propone una fórmula para calcular el valor de una hora de trabajo:
Meta anual: USD 100,000
Horas reales de trabajo productivo al año: 1,200 (48 semanas × 25 horas semanales)
Valor por hora: $83.33
Si una fan invirtió una hora en impulsar el EMV de Becky en Cannes, y decidiera valuar ese tiempo como lo haría con cualquier otro trabajo, ese sería el valor asignado a su hora de trabajo.
Su amor y lealtad no desaparecerían, solo estarían siendo valorados en los mismos términos financieros en que el mercado sí los valora.
Es un mercado no regulado donde alguien encontró la forma de obtener ganancias masivas sin obligación de compartirlas.
“Es trabajo voluntario.” “Es normal en el marketing de influencers.”
Que esté normalizado no lo hace correcto.
Es un mercado no regulado, donde alguien encontró una forma de obtener ganancias masivas sin obligación de compartirlas, y lleva tanto tiempo ocurriendo que las propias fans lo defienden.
Además, hay un error en el argumento: esto no es influencer marketing, y los influencers sí reciben compensación. Los fandoms, quienes realizan parte del trabajo, no.
Un video de Becky en Cannes no es un beneficio, es la materia prima que el fandom convierte en millones.
“El fandom recibe beneficios a cambio: contenido, comunidad, identidad.”
Sí. Excepto que ese contenido existe precisamente para que el fandom lo amplifique y genere el EMV que beneficia a la marca.
La comunidad y la identidad existían antes de cada evento. Existirán después. No es un pago: es lo que el fandom ya tenía, y seguirá teniendo. Como antes de que fuera embajadora de CHANEL, y después de que dejara de serlo.
Y vale la pena ser muy claros: que el fandom percibiera una fracción del dinero que genera no significaría que Becky ganaría menos. Su contrato no se negocia contra el fandom, se negocia contra lo que Becky vale para la marca. Son dos cosas distintas. El dinero que le correspondería al fandom saldría de la marca, no del bolsillo de Becky.
Si el fandom no importa, el EMV tampoco. Y sin EMV, las marcas tendrían que pagar por lo que hasta ahora han obtenido gratis.
“El fandom solo generó interacciones digitales. Acciones sin valor intrínseco.”
Curioso. Cuando esas interacciones benefician a la marca, se llaman EMV y se miden en millones. Cuando se plantea que el fandom debería ver algo de esas ganancias, de repente son “solo likes”.
El valor no debería cambiar dependiendo de quién se beneficie de él.
“El fandom no perdió nada.” “Nadie los obligó.”
No. Nadie los obligó. Y eso es exactamente lo que hace que el sistema funcione tan bien.
Porque mientras el fandom no considere que su tiempo equivale a dinero real, mientras siga viéndolo como “solo fangirleo, no es trabajo”, “si lo hago es porque amo a Becky”, las marcas seguirán sabiendo exactamente lo que vale, y seguirán sacándole provecho sin ninguna obligación de retribuirlo.
El fandom es el motor principal del EMV, pero existe un acuerdo silencioso entre fans y marcas para que la industria capture todo el valor, y el fandom sea fuerza de trabajo sin derecho a recibir ganancias.
El fandom de Becky “habría ganado” USD 8.8k por su trabajo en Cannes 2025.
Y seguirá trabajando con la misma dedicación y entusiasmo en 2027 porque ama a Becky. Eso no está en discusión.
Lo que vale la pena imaginar es que, si una fracción mínima de ese valor regresara al fandom, no llegaría a manos individuales como salario. Se reinvertiría: en el regalo de cumpleaños de Becky, en un fondo para las siguientes votaciones. En lo que el fandom decidiera.
No como empleadas. Como comunidad que produce valor con amor, y podría elegir qué hacer con él.